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Our Dinner Tables and the Cost of Human Lives (en Español tambien)


Axel Fuentes • Jun 24, 2011

(Español mas abajo)

Frighteningly, the cases of workers dying while harvesting or processing the food we consume on daily basis in this country are frighteningly frequent.

Though they are exposed to different threats and dangers across their respective industries of employment, what is universal is this—these workers are asked to sacrifice life-and-limb, literally, with very little reward for their struggles.

According to the US Department of Labor’s Bureau of Labor Statistics (BLS), in 2009 there were 3,277,700 total recordable cases of “Nonfatal Injuries and Illnesses [among] Private Industry” businesses. Beyond those injuries, 4,090 on-the-job fatalities were reported and recorded within the private sector. To put the latter statistic in perspective, these 4,090 are just less than half the number of drunk-driving deaths recorded across the US during that same year.

What follows is but a glance at some of the struggles and sacrifices that these workers must come to terms with on a daily basis:

  • Agricultural field workers are often subjected to rather archaic methods of cultivation, like the machete in the cane field, to the absolute denial of their rights. The latter was the case when seventeen year-old Maria Isabel Vasquez Jimenez died while working in one of Merced Farm Labor’s fields.  According to this article, the pregnant teen’s body temperature reached 108 degrees after she was denied access to “water, water breaks, and shade.”
  • The equipment that fills a meat-processing plant, as one can imagine, is obviously incredibly dangerous, which we have often covered on this blog here, as well as with other instances and issues of neglect for workers across the food industry here, here, and here.
  • Less obvious to some are the harsh chemicals which many processing plant workers are exposed to. For instance, an ammonia leak at the Mountaire Farms poultry plant near Fayetteville, NC, killed one person and injured four others back in 2009. Whether by accident or by daily exposure to toxic or polluting agents, entire communities located near processing plants or crop fields can often be exposed to such harmful chemicals, all in the name of increasing production rates to meet our consumer demands. Sadly, some companies care more about raising their profits than they do about defusing the toxic time bombs that they construct.
  • The speed-of-the-line in meat processing plants, plainly speaking, symbolizes the inverse of worker safety guarantees. Often companies increase the speed of their lines so they can decrease the amount of workers they employ. Presently, line speed is only regulated if the speed is a danger to the product that is being processed. Some disturbing facts are presented here in the “Worker Safety” subsection.

Too often the fines that are leveled at these companies are miniscule in comparison to the human costs, and so the fines represent no real deterrent to future infractions.

Something we can do, though, is sign the slow-down-the-line petition.

It’s time that we show these workers that we care far more about their lives and their families than we do the products we enjoy buying.
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NUESTRA COMIDA Y EL COSTO EN VIDAS HUMANAS

Alarmantemente, los casos de trabajadores que mueren durante la cosecha o procesamiento de los alimentos que consumimos diariamente en este país son terriblemente frecuentes. Aunque están expuestos a las diferentes amenazas y peligros a través de sus respectivos sectores de empleo, lo que es universal es esto: estos trabajadores  deben sacrificar la vida-y-extremidades, literalmente, con muy poca recompensa por sus luchas.

Según el comité de estadísticas del Departamento del Trabajo Bureau of Labor Statistics (BLS) (siglas en Ingles), en 2009 hubo 3,277,700 casos archivados “Lesiones no fatales y enfermedades [entre] industria privada.” Más allá de esas lesiones, se informo que se registraron 4,090 muertes en el trabajo en el sector privado.
Para poner la última estadística en perspectiva, estas 4,090 son sólo menos de la mitad el número de muertes registradas  por conducir en estado de ebriedad en Estados Unidos durante ese mismo año.

Lo que sigue es un vistazo a algunas de las condiciones, circunstancias y sacrificios que estos trabajadores deben  confrontar a diario en un día normal de trabajo:

  • Trabajadores agrícolas son objeto a menudo de métodos de cultivo bastante arcaicos tales  como el uso del machete en el campo de caña e incluso la negación absoluta de sus derechos. El último fue el caso cuando  María Isabel Vásquez Jiménez  de 17 años murió mientras trabajaba en uno de los campos del trabajo de la granja La Merced. Según este artículo,  la temperatura corporal de la adolescente embarazada alcanzó 108 grados después de que  a ella se le negó el acceso a “agua, descansos para tomar agua y sombra.”
  • El equipo que se utiliza en una planta de procesamiento de carne, como uno puede imaginarse, es obviamente increíblemente peligroso, que a menudo  hemos mencionado en este blog aqui,  así como con otras instancias y problemas que confrontan los trabajadores en toda la industria de alimentos , aqui,  aqui y aqui.
  • Menos obvios que otros  son los problemas de  productos químicos agresivos a los que  muchos trabajadores de plantas de procesamiento  están expuestos . Por ejemplo, una fuga de amoníaco en la planta procesadora de pollo  “Mountaire Farms”  en Fayetteville, Carolina del Norte, mató a una persona dejo heridas a otras cuatro en 2009. Ya sea por accidente o por la exposición diaria a tóxicos o contaminantes nocivos para la salud, comunidades enteras Localizadas  cerca de campos de cultivo o plantas de procesamiento  están expuestas a tales a circunstancias , todo ello en nombre de crecientes tasas de producción para satisfacer las demandas de  los consumidores. Lamentablemente, algunas empresas les importa más elevar sus beneficios y ganancias que  la desactivación de las bombas de tiempo tóxicas que construyen.
  • La velocidad de línea en plantas de procesamiento de carne,  claramente,  simboliza la inversa de las garantías de seguridad del trabajador. A menudo las empresas aumentan la velocidad de sus líneas de  y disminuyen  la cantidad de trabajadores que emplean.  Actualmente, la velocidad de las líneas de trabajo está regulada sólo si  esta  representa  un peligro para el producto que se está procesando. Aquí Se presentan algunos hechos preocupantes en cuestiones de  ”Seguridad de los trabajadores.”

A menudo las multas que se le proporcionan a las empresas por violaciones de seguridad  son minúscula en comparación con los costos humanos, y así las multas no son disuasorias para futuras infracciones.
Algo que podemos hacer para ayudar a bajarle la velocidad a las líneas de trabajo es firmar la siguiente petición:  the Slow-Down-the-Line petition.

Es hora de que demostremos a los trabajadores que nos preocupamos mucho más por sus vidas y sus familias que por comprar los productos.

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